Con paciencia infinita he ido recuperándolos. No son los que yo tuve, pero al mirarlos y tocarlos, siento la misma felicidad y emoción que con los míos, cuando era niña. Unos son muy conocidos, como Baby Mocosete y Virkiki. Otros no tanto, como Besitos de BB y, algunos de ellos nunca tuvieron nombre.
De todos los de la foto, es el bebé de cerámica, con su gorrito de lana, el que quizá más valoro. Pese a lo frágil de su material, ha llegado en perfecto estado, sobreviviendo a más de cuarenta años. Y además, porque sin nombre ni marca conocida, su búsqueda se convirtió en todo un ejercicio de imaginación para localizarlo en las webs de segunda mano.
Ahora están todos aquí. Mocosete necesitó algo de restauración (¡ay, esos ojitos perezosos, con esas pestañas tan frágiles). Virkiki y Besitos vinieron en su embalaje original, directos de alguna tienda que, tristemente, tuvo que cerrar. Y mi bebé de cerámica, que además es hucha, vino con su gorrito, de alguien que lo debió apreciar tanto como yo para cuidarlo tan bien. ¡Ojalá me contase su historia!.

No hay comentarios:
Publicar un comentario